Medio del deporte

Automovilismo TC 2000

La pareja que rompe la normalidad

Este fin de semana se corre la final de la edición 2019 del campeonato TC 2000. Será en el circuito de Tocancipá y la batalla entre los equipos se anuncia como una de las más reñidas. Entre los participantes, una dupla sigue su camino y aprovecha cada oportunidad para mejorar sus resultados. Este equipo la conforma una pareja joven y ambiciosa…

 

Por Jacques Cortie

 

El mundo de las carreras automovilísticas parece inalterable: el sonido constante de los motores; un micrófono que aumenta sus decibeles para que la voz humana supere el ruido de las máquinas; las banderas que se mueven y bajan al paso final de los autos, que marca cada nueva carrera; los cascos que se bajan para aliviar el peso del cansancio o para ver mejor el resultado de su clasificación; el olor a carne asada, y el ambiente impregnado eternamente de queroseno… Tocancipá no es diferente a lo que se vive en otros lugares del mundo. Bueno, podría estar mejor arreglado, preservar más aún ese espacio maravilloso de naturaleza que contrasta con las máquinas… Pero tal cual, tiene su encanto, al tiempo que  mantiene vigente todos los códigos clásicos de este mundo.

 

Y en medio de todo este circuito repetitivo de hechos, una pareja llama la atención. Ellos están ahí, aparentemente sin hacer ruido, sin hacer más de lo que cualquier dúo haría. Ella sale del auto. Él la ayuda. Ellos intercambian rápidamente algunas palabras. Con sus cascos en las manos, sus trajes blancos, los dos transmiten una tranquilidad impresionante en este mundo de motores, de ruido, de latas.

 

Teresa Peñuela Del Real y Diego Villamil practican juntos el automovilismo. No es clásico. Ellos lo saben. Y sonríen. Sin más. Porque para ellos sí es normal. Participar juntos en el mundo de las carreras era una evidencia, un aspecto más de su pareja. Porque el entorno lo ha dado: Teresa, hace parte de una familia en donde la pasión por el mundo mecánico ha estado siempre presente, con la figura emblemática del abuelo piloto de la Fuerza Aérea de Colombia « El piloteaba un Catalina », dice ella con una gran sonrisa donde deja ver la admiración.

 

El hecho que alguien de la familia haga parte del mundo mecánico no es motivo suficiente para que otro miembro se apasione al punto de meterse bajo un casco, lanzarse a máxima velocidad en un auto y aguantar los giros cerrados de un circuito , simplemente porque le gusta. Otros hechos ayudaron en la decisión de Teresa Peñuela. A sus  25 años, ella es una deportista completa. Si pudiera, todavía iría a una cancha de fútbol para seguir pateando una pelota, o estaría con uno de sus caballos preferidos cabalgando llano abierto… Pero como el tiempo tiene sus límites, las decisiones se imponen. Y el automovilismo le está ganando la carrera a sus otras pasiones, salvo compartir  tiempo con su compañero sentimental, puesto que afortunadamente él vive la misma pasión.

 

La pasión mutua por el automovilismo

 

Así, los dos pueden continuar su relación en medio del mundo de los motores. Ella había participado hace algunos años en varias carreras. Él también había pasado varias tardes metido en un bacquet. Ella también había sido contactada por un grupo de mujeres para lanzarse en la aventura de un dúo femenino en el TC 2000. Él sabía que podría ser muy interesante vivir este tipo de campeonato. Con tantos argumentos, los dos no pensaron mucho su decisión. Ella resume así la proyección de su pareja en el automovilismo: « En los carros llevamos 4 años, que se han compartido con los amigos haciendo salidas, rodadas. Yo he participado en el Women Piston Day que gané dos veces en 2018 y 2019. Mientras Diego ha participado en el Car Fast Track y en el Track Day. Desde este 2019 participamos en el TC 2000 de manera pro. Decidimos correrlo en pareja, para disfrutar de esta pasión juntos. »

 

Es su primera temporada y la analizan con sencillez. « Por ser el primer año, nos ha ido muy bien. Hemos empezado y acabado todas las carreras », explica Diego, 30 años, sin mostrar más entusiasmo del necesario.

 

Sin duda los dos son unos verdaderos apasionados del mundo automovilístico, pero ante todo son analíticos, tienen la cabeza bien puesta debajo del casco: « Con lo vivido en esta primera temporada estamos muy contentos. Disfrutamos, compartimos, aprendimos. Siendo muy nuevos, tuvimos la ocasión de competir frente a con otros más rápidos y pudimos crecer. Queremos seguir modificando el carro para bajar los tiempos », añade Teresa.

 

Detrás de esta tranquilidad aparente, la exigencia es real. « Lo que me gusta es exigirse a uno mismo en la pista, mejorar tiempos, ser mejor cada día en pista… », dice ella apoyada en el motor de su máquina amarilla y negra, mientras que él acompaña sus palabras con la mirada.

 

Los resultados de esta primera temporada y la emoción de las carreras vividas, los convencieron de continuar el próximo año. La copiloto de Avianca y el administrador de negocios internacional van a seguir construyendo su camino deportivo, con calma y criterio. Y sobre todo, juntos. Como en la vida. 

 

J.C.

 

Fotos: Sportiva/JC

 

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